La lectura es un proceso mental y visual. En este proceso se
deduce el significado de un texto, se interpreta su contenido, se
comprende el mensaje, se realizan inferencias y cuestionamientos.
Leer no es solo reproducir en sonidos sino que es una actividad de
interacción. Cuando escribimos un texto organizamos el contenido de
nuestro pensamiento de manera que el otro pueda comprenderlo mediante la
lectura.
Se aprende a leer a muy temprana edad, pero es necesario profundizar en técnicas de comprensión lectora para
que la lectura no sea sólo superficial sino de aprendizaje. Lo más
importante no es leer rápido sino leer bien. Leer bien implica
comprender el mundo y adquirir conocimiento. Es importante que desde niño se adquiera el hábito de leer. Es
de común conocimiento que los niños, en especial con las nuevas
tecnologías, no gustan de la lectura, por eso, padres y maestros deben
hacer el esfuerzo por enseñarles a disfrutar de la lectura y
reflexionar.
El ser humano puede leer en promedio 250 palabras por minuto. Cuando el texto genera dificultades, el lector puede hacer regresiones, es decir, relee partes del texto
que le ayudarán a la comprensión. La capacidad lectora depende de
muchos factores, como por ejemplo, la complejidad del texto, la
legibilidad, el tamaño de la letra, el paratexto, la concentración del
lector, el cansancio, ciertas enfermedades, efectos del alcohol,
etcétera. Cuando se lee en voz alta se denomina vocalización, las palabras que se están leyendo son articuladas en sonidos. Leyendo en vos alta la velocidad y la comprensión son menores.
Las personas que no pueden utilizar sus ojos para leer utilizan el método Braille, es decir, leen con sus manos.
Es importante mencionar también que podemos leer música e incluso fórmulas matemáticas y químicas.
La lectura es un proceso mental y visual. En este proceso se
deduce el significado de un texto, se interpreta su contenido, se
comprende el mensaje, se realizan inferencias y cuestionamientos.
Leer no es solo reproducir en sonidos sino que es una actividad de
interacción. Cuando escribimos un texto organizamos el contenido de
nuestro pensamiento de manera que el otro pueda comprenderlo mediante la
lectura.
Se aprende a leer a muy temprana edad, pero es necesario profundizar en técnicas de comprensión lectora para
que la lectura no sea sólo superficial sino de aprendizaje. Lo más
importante no es leer rápido sino leer bien. Leer bien implica
comprender el mundo y adquirir conocimiento. Es importante que desde niño se adquiera el hábito de leer. Es
de común conocimiento que los niños, en especial con las nuevas
tecnologías, no gustan de la lectura, por eso, padres y maestros deben
hacer el esfuerzo por enseñarles a disfrutar de la lectura y
reflexionar. El ser humano puede leer en promedio 250 palabras por minuto. Cuando el texto genera dificultades, el lector puede hacer regresiones, es decir, relee partes del texto
que le ayudarán a la comprensión. La capacidad lectora depende de
muchos factores, como por ejemplo, la complejidad del texto, la
legibilidad, el tamaño de la letra, el paratexto, la concentración del
lector, el cansancio, ciertas enfermedades, efectos del alcohol,
etcétera. Cuando se lee en voz alta se denomina vocalización, las palabras que se están leyendo son articuladas en sonidos. Leyendo en vos alta la velocidad y la comprensión son menores.
Las personas que no pueden utilizar sus ojos para leer utilizan el método Braille, es decir, leen con sus manos.
Es importante mencionar también que podemos leer música e incluso fórmulas matemáticas y químicas.
Formas de leer
Lectura secuencial: es la forma tradicional de leer
un texto, con nuestro propio tiempo desde que comenzamos hasta que
finalizamos un texto sin repeticiones ni omisiones.
Lectura puntual: en este caso sólo se leen fragmentos que son de interés para el lector.
Lectura diagonal: el lector lee los fragmentos
especiales de un texto como son los títulos, las primeras frases de los
párrafos, las palabras destacadas tipográficamente, elementos
destacados, como citas o fórmulas, etcétera.
Scanning (escaneo): es una lectura rápida del texto en el que se buscan palabras individuales.
Lectura rápida: es similar a la lectura diagonal pero procura mayor concentración.
PhotoReading: en ella el lector lee una página completa para obtener una idea general.
Cualquiera sea la forma de leer, es necesario tener en cuenta la importancia que amerita la lectura. Una persona que no sabe leer se la llama analfabeta. La dislexia, por otro lado, es la incapacidad que tiene una persona de leer
Cómo motivar a los niños para aficionarles a la lectura
La lectura es la llave prodigiosa de la información, de
la cultura, del mundo de la ficción, de la fantasía. Conseguirla no es
tan sencillo: está al alcance de todos los niños, pero con condiciones. La importancia de la lectura en los niños
se basa en sus beneficios a la hora de estudiar y adquirir
conocimientos. La colaboración de los padres es necesaria para impulsar
el proceso de aprendizaje.
Leer y compartir libros con los niños
Hay una labor familiar de preparación extremadamente importante antes
de que los niños aprendan a leer, y de seguimiento, después. Aunque
resulte increíble, se recomienda poner a los niños en contacto con la
lectura a partir de un año aproximadamente. Hablamos de cuentos con grandes imágenes
y poco texto, que se irán complicando y ampliando a la medida del
lector. Merece la pena perder el tiempo con los niños leyéndoles y
contándoles historias porque los efectos pueden ser muy positivos. A
corto plazo la lectura permite:
1. Enriquecer la relación adulto-niño
En esta relación mágica, niño-adulto-libro, el padre, la madre son
los encargados de maravillar a su hijo con el libro y de descubrirle el
mundo sorprendente que guarda. Estos momentos de lectura son muy
gratificantes, porque están, además, envueltos en afectividad.
2. Familiarizar al niño con los textos
- Acostumbrándole al objeto: al niño le gusta imitar a sus padres.
- Mostrándole que los pequeños signos negros tienen un significado.
- Haciéndole experimentar la permanencia de la palabra escrita. Cuando llegue al colegio, la lectura le parecerá una actividad necesaria e interesante.
3. Ampliar y organizar el universo del niño
Tanto las imágenes como los textos le ayudarán a:
- Conocer el mundo.
- Conocerse a sí mismo.
- Dominar el entorno real. Los textos le adelantarán, además, futuras experiencias.
4. Desarrollar las capacidades mentales del niño - Memoria. El niño podrá contar el cuento que le ha leído, siguiendo las imágenes. - Lenguaje. A través de la lectura oída, el pequeño ampliará su vocabulario y aprenderá frases cada vez más complicadas. - Capacidad de abstracción.
El niño establece la relación entre los objetos que ha visto en la
realidad y la representación de los mismos en las ilustraciones. Pasa,
en consecuencia, a un nivel de abstracción. - Imaginación. A partir de la imagen y del texto, el niño comienza a construir su propia representación, a crear una realidad en su mente.
Ideas que ayudan a motivar a los niños a leer
- Un niño de siete años no digiere cualquier libro. Si no comprende
lo que lee, no desarrollará una auténtica actividad de lector.
- El lector principiante necesita un texto a la medida de sus
capacidades, adaptado a su sensibilidad, que tenga en cuenta su lenta
progresión. - La lectura-placer es un magnífico entrenamiento para entender y
apreciar los libros de texto. Y los libros de texto sugieren aficiones y
otras lecturas.
- Hay que dejar al niño elegir las lecturas. Si no termina un
cuento, tal vez no sea por pereza o inconstancia, sencillamente se ha
equivocado en la elección. Tendrá muchas oportunidades en su vida
escolar y familiar para encontrar temas interesantes.
- Para acompañar a un lector que empieza, es preciso conocer sus
gustos. Animales, brujas, la prehistoria... La propuesta debe ser
amplia y variada. Si un niño está fascinado por un tema, decidirá
voluntariamente detenerse en comprender el texto, ayudado por las
imágenes.
- Al principio conviene seguir leyéndole los textos, porque su lectura es dificultosa y lenta y puede acabar cortando la comunicación.
- No se debe confundir la lectura escolar, que es un ejercicio de
progresión, y la lectura-placer. En la lectura-placer se puede
equivocar, interpretar mal el sentido. No importa. Él solo se corregirá.
- La cita periódica y puntual con la lectura-placer es muy positiva.
- Libros, revistas, cómics. La calidad es lo importante.
Empezar a leer desde niño
Los especialistas en lectura están de acuerdo en que leer es un hábito,
un placer, que difícilmente se adquiere en la edad adulta. Y que la
afición a la lectura tiene muchas posibilidades de consolidarse cuando
se ha despertado en la niñez. A veces escuchamos a los padres
lamentarse: a mi hijo no le gusta leer. Y lo dicen con cierta
inquietud. En realidad, hay muchas personas a las que no les gusta leer.
Es una cuestión de temperamento, de intereses, de medio Leer es una
actividad contemplativa que necesita concentración, silencio,
aislamiento, inmovilidad, exclusividad. Pero, a pesar de las
excepciones, la afición a la lectura depende también de cómo se haya
abordado la cuestión cuando los niños ya leen.
Muchas veces se ha considerado que un niño sabe leer porque pronuncia
una frase escrita. A los seis o siete años aproximadamente, comienza a
utilizar un código, pero le hará falta tiempo para saber utilizarlo
realmente. Porque saber leer es apropiarse del texto: elegir la lectura,
leer rápidamente, ser capaz de servirse del texto para algo, hablar del
mensaje, completarlo y ampliarlo con otras lecturas.
La recompensa del placer de leer
Leer demanda un esfuerzo y es preciso recibir una recompensa. Hay muchas formas de entrar en la lectura. Se lee para:
- Instruirse y aprender
- Crecer
- Pasar un buen rato
- Pensar y reflexionar
- Viajar
- Conocer otras formas de pensar
- Afirmar la personalidad
- Relajar tensiones
- Informarse
jueves, 16 de febrero de 2017
La lectura en la adolescencia
Gracias a la lectura el adolescente es capaz de transferir comportamientos éticos y estéticos que conformarán, en buena medida, su personalidad. La lectura gradual y frecuente de buena literatura produce en el alumno un efecto inmunizador contra la chabacanería y la superficialidad. Leer exige paciencia y orden, tiempo para la reflexión. Esto suscita en el lector una interpretación de la realidad alejada de lo “útil” o lo “inmediato”; de lo blanco o lo negro. Asimismo, la lectura no solo desarrolla en el adolescente su espíritu crítico ante posibles manipulaciones, sino que estimula su creación literaria y su imaginación.
Motivar a leer es una de las tareas que todo docente debe empeñarse. Pero no solo él, deben involucrarse los padres de manera activa. En efecto, es en el hogar donde se crea un contexto adecuado para que surjan lectores apasionados. Asimismo, en la escuela, los profesores deben enseñar a valorar y disfrutar de la lectura.
A continuación se propondrán una serie de pautas para lograr estos objetivos:
En casa, los padres han de inculcar la afición a la lectura con el ejemplo. Si los padres leen, sus hijos estarán predispuestos. En cada hogar es importante que se creen pequeñas bibliotecas donde se pueda ir a consultar libros. Sin embargo, los padres deben cuidar las lecturas de sus hijos. Hemos dicho que la adolescencia es una edad especialmente sensible donde los alumnos desarrollan su personalidad. Es por esto que las lecturas deben enriquecer al estudiante no solo por su disfrute estético, sino por transmitir las verdades más profundas del hombre. Estas suelen estar encarnadas por héroes virtuosos que se vencen a sí mismos para ayudar a los demás; o en personajes inconformistas que buscan la felicidad en los avatares adversos de la ficción. Por último, los padres deben promover el “ocio activo” de la lectura de sus hijos, especialmente durante las vacaciones.
El docente, por su parte, debe fomentar esta pasión hacia la lectura. En primer lugar eligiendo libros adecuados a la mentalidad de sus alumnos que despierten ese interés por los grandes ideales. Los libros de carácter “obligatorio” suelen ser contraproducentes en públicos poco iniciados a la lectura. Por lo que se recomienda al profesor que proponga un rico repertorio de libros: ya sean fantásticos, realistas; leyendas, novelas policíacas, de aventuras, de suspense, históricas; biografías, poesía o teatro. De esta manera, el alumno puede escoger el libro que más le guste y empieza a adquirir autonomía lectora. Por otra parte, puede ser tedioso que el profesor mande elaborar fichas de libros a sus alumnos, ya que suele provocar el efecto rebote. Mejor podría ser que el profesor realice, después de la lectura de un libro, preguntas espontáneas o actividades que fomenten su creatividad. Por último, los profesores de Lengua y Literatura deben ser especialmente conscientes de la responsabilidad en esta tarea. Puede ser muy beneficioso dedicar una hora, como mínimo, a la lectura en clase, así como formar una pequeña biblioteca dentro del aula.